Historia
Contexto familiar
Josep Trepat Galceran nació en 1881 en el Alardell (Agramunt), en el seno de una familia campesina acomodada. Trabajó como mozo de las tierras de su casa hasta 1907, cuando emprendió una serie de viajes por Francia, Alemania y otros países donde empezó a familiarizarse con el mundo de la producción industrial de maquinaria agrícola. Ese mismo 1907 también había entrado en el negocio de una ferretería que sus hermanos Baldomer y Estanislau tenían en Tàrrega.
LOS PRIMEROS TALLERES EN EL CENTRO DE TÀRREGA
El salto se produjo en 1913 cuando abrió un taller con fundición en el centro de Tàrrega. Aquí convergerían todas sus experiencias vitales en un proyecto de futuro, un proyecto empresarial que apenas empezaba a gestarse. Esta empresa se vio impulsada por las trágicas consecuencias de la Primera Guerra Mundial. Entonces pasó a fabricar repuestos para las segadoras extranjeras que ya habían llegado tiempo atrás y que ahora sufrían problemas de suministro de repuestos.
El siguiente paso fue dar una adaptación de la segadora McCormick a una máquina más pequeña y manejable de producción propia. Este fue un proceso lento y difícil, pero finalmente, entre 1914 y 1916 de estos talleres salieron las primeras máquinas de segar íntegramente fabricadas en nuestro país.
EL COMPLEJO INDUSTRIAL DE CAL TREPAT
En 1931 la producción se trasladó al complejo donde actualmente se encuentra el Museo Trepat. Este fue un año muy importante para Pepe, tal y como se le conocía popularmente, porque el Estado concedió a la empresa el título de productor nacional.
En ese paso decisivo del pequeño taller a una verdadera fábrica, una figura a menudo olvidada tuvo un papel clave: Concepció Trepat, la hermana del impulsor. Desde la discreción, dio a la empresa un nuevo aliento y un empujón decisivo, manteniendo vivo el espíritu de aquella tradición familiar tan arraigada en el mundo agrícola donde todos sus miembros colaboraban para sacar adelante un mismo proyecto.
Aquellos fueron años de expansión y de crecimiento intenso, en los que las máquinas Trepat se popularizaron y llegaron a todo el territorio. Paralelamente, la agricultura empezaba a vivir una auténtica transformación: la mecanización cambiaba los ritmos de trabajo y abría el camino a una nueva forma de entender el campo. Esta innovación marcaría el inicio de la modernización agrícola y dejaría una impronta profunda en la historia del trabajo rural.
Durante la Guerra Civil Española la fábrica fue colectivizada por la UHP (Unión de Hermanos Proletarios). Durante esta etapa la fábrica se convirtió en industria de guerra, con la producción de los llamados morteros de espiga Tàrrega. A medida que se avecinaba el fin del conflicto y la fábrica fue parcialmente desmantelada y algunas de sus naves fueron afectadas por los bombardeos aéreos por parte de la aviación fascista. De esta forma, una vez terminada la guerra, tuvo que llevarse a cabo un proceso de recuperación antes de reanudar la producción de maquinaria agrícola.
Los años de la dictadura franquista ocupan gran parte de la historia de la fábrica. Durante esta etapa las materias primas y los combustibles estaban limitados y asignados por el Estado según los llamados "cupos". Fueron tiempos difíciles en los que cabe destacar la necesidad de contactos e influencias en un régimen dictatorial fuertemente burocratizado y aislado.
Sorprendentemente, sin embargo, entre finales de los cincuenta y principios de los sesenta en Cal Trepat se vive su época de plenitud, llegando a contar hasta un máximo de 251 trabajadores. Durante estas décadas entre los trabajadores de la fábrica se popularizó un dicho que decía:
"Si trabajas en Cal Trepat tienes el pan asegurado".
A partir de ahí la empresa se irá quedando en la cola por varias razones: la falta de inversiones -tanto en los medios de producción, como en la falta de innovación tecnológica de sus máquinas-, unas condiciones laborales precarias y sueldos bajos y poco competitivos.
Junto a estos factores hay que tener en cuenta la introducción del motor de combustión en la industria agraria, con la incorporación de los tractores y las primeras cosechadoras. En Cal Trepat ya no se aventuraron a la producción propia de este tipo de maquinaria y, mientras, de las puertas de la fábrica seguían saliendo máquinas de tracción animal. En este contexto se produjeron una serie de adaptaciones, como es el caso de las barras de aldeas acoplables al tractor, y vieron la luz de otra maquinaria como abonadoras. También se llegó a un entendimiento con la casa francesa Braud para importar sus cosechadoras y venderlas con el nombre de Braud-Trepat. Pese a estos intentos, la decadencia había comenzado y esa estrategia no revirtió la situación.
Asimismo, a mediados de la década de los setenta se produjo un cambio en la dirección de la empresa cuando después de la muerte de Josep Trepat quien hasta entonces había sido el gerente, Fermí Cucurull, la compró.
La fábrica seguiría perdiendo trabajadores y viendo reducidas sus ventas hasta que en 1988 se detuvo definitivamente la producción y Cal Trepat cerró sus puertas.
(Catálogo con imágenes de las máquinas de J. Trepat. Año 1961)